viernes, 4 de marzo de 2011

10 de marzo de 1945: 2.000 toneladas de napalm sobre Tokio

 Hiroshima

El bombardeo incendiario a Tokio el 10 de marzo de 1945 es la prueba que los EEUU no necesitaban iniciar la era de las guerras nucleares. Fue devastador. En esos meses en El Álamo en Nuevo México los científicos, que por ética se negaban a usar uniforme militar, trabajaban para terminar la bomba que mataría a decenas de miles de seres humanos, eso sí, lo hicieron de guardapolvo blanco, gente muy responsable que en la primera detonación en el desierto a 200 km de la frontera mexicana no estaban muy seguros si no perforaría la atmósfera...

Su gran preocupación era que la guerra termine antes. Hicieron dos distintas y la firme intención era probar ambas. Está claro que si un 6 de agosto se arroja sobre una ciudad repleta de civiles, residentes y refugiados de la guerra, una bomba de tecnología desconocida y poder inimaginable, desconocida para el 99,999% de la población mundial, darle 3 días al gobierno japonés para que se rinda, cuando nadie, ni los que iban en el bombardero B-29 "Enola Gay" podían terminar de digerir lo que había pasado en Hiroshima. El 9 de marzo la segunda bomba estalló sobre Nagasaki. Había que probarla y se probó.

LITTLE BOY

Luego del bombardeo a Tokio la sensación de la población japonesa, que como los vietnamitas al B-52, sentían sobre el B-29 una enorme afección. Ver arrasado Tokio fue el comienzo del fin de la guerra para los japoneses civiles que habitaban las grandes ciudades japonesas. La sensación de indefensión a aquellas formaciones de bombarderos plateados que ni las defensas antiaéreas ni los cazas podían doblegar, sólo con algunas bajas de consuelo, ponía a la sociedad japonesa al borde del knock out.

FAT BOY

En EEUU se construyeron ciudades japonesas en polígonos de tiro. Simulaban sus paredes de papel y estructura de madera. De todo los que se probó, se concluyó que lo mejor eran las bombas incendiarias M-47 y M-69. Arderían como cajas de fósoforos.


Bomba incendiaria M-69

La M-47 era una bomba liviana rellena de jalea de combustible de alto octanaje. La M-69 tenía más refinamientos. Esa jalea estaba embutida en 36 pequeñas bombas que al estallar lanzaban esa jalea sobre las paredes de madera y papel. Una sola bomba M-69 y sus 36 dispositivos podían incendiar un radio de 45 metros en segundos.

De eso estaban cargados los 279 Boeing B-29 Superfortress que partieron de la isla de Guam, aún hoy en poder de EEUU, las colonias del anticolonialismo. Los aviones guías, cargados con M-47, llegaron de noche a Tokio. Lo hicieron en vuelo bajo, los japoneses los esperaban más allá de donde llegaba sus defensas. Los anteriores ataques habían sido a gran altura. Estaban a salvo de las defensas antiaéreas pero la precisión del bombardeo era muy mala. Así y todo, la visión de los japoneses de los B-29 brillando altísimos y no poder hacer nada, creo un sentimiento de indefensión colectivo.

Delante de aquel B-29 había otro. Se ven sus restos. Le explotó una M-47 que llevaba en su interior.

Esa noche los B-29 llegaron con el rugido de los motores ensordeciendo a Tokio. Los reflectores se movían con torpeza buscando aviones que aparecían miles de metros abajo de lo esperado. Las M-47 de los aviones guías trazaron una gran X de fuego al cruzar las rutas como estaba programado. Fue la gran marca visible en la noche para que el resto de los B-29 descarguen casi 2.000 toneladas de napalm con sus M-69.

Algún creyente diría que Dios opera de forma misteriosa. Minutos antes que las M-47 formen la X, un viento de 45 km por hora comenzó a soplar sobre Tokio. Antes que caiga ninguna M-69 los incendios de las M-47 se extendían imparables. Lo que siguió fue el infierno en la tierra. Los japoneses que desesperados se refugiaban en los edificios de hormigón, muchos de ellos edificios públicos de gran capacidad, terminaban atrapados en algo que se convirtió en un horno de material. Nada de lo que era inflamable dejó de quemarse en esos edificios.

Tardaron 25 días en juntar a los muertos. Murieron 83.783 personas, 40.918 heridos y un millón de japoneses sin hogar. En una noche se había destruido 25 km2 de Tokio, 267.171 estructuras. El calor era tan intenso que manzanas enteras ardían por simpatía antes que el foco principal les llegase. Varios B-29 fueron lanzados arriba violentamente por las ráfagas ascendentes de aire caliente. Los aviones llegaron a Guam llenos de hollín. Sólo 14 no volvieron.

 Tokio luego del bombardeo

 
La excusa de la invención de la bomba atómica fue que había que adelantarse a la de Hitler, cosa que el más reconocido físico nuclear alemán, Werner Heisenberg, desmintió la historieta. La excusa de probarla fue evitar la gran pérdida de tropas que ocasionaría la invasión. En realidad, la rendición de los japoneses fue suficiente cuando Hirohito dijo hasta acá llegamos, cosa que hubiera hecho de repetirse lo de Tokio, Osaka y Kobe. Tal vez hasta hubiera habido más muertes, pero hoy no hablaríamos de guerras nucleares. EEUU la inventó, la probó sobre civiles y creó el relato para justificarlo. Es notable que la encrucijada que se especula sea entre el napalm o la radiación y el fuego nuclear, ambos salidos de mentes estadounidenses.

2 comentarios:

Biblioteca Peronista dijo...

Muy bueno el informe, justo hace poco vi un documental de la revolución cubana donde se ve que en Girón les tiran napalm, las imágenes son devastadoras como así los testimonios de los sobrevivientes revolucionarios.

Rodolfo Bertoloni dijo...

Jamas habia escuchado de este bombardeo de Napalm a Tokio, muy bueno el informe, Feicitaciones.
PD: El video fue suprimido por el usuario