lunes, 7 de diciembre de 2009

Evo y la Reconquista

El triunfo de Evo excede todo. Es un hecho histórico que adquiere relevancia dentro de los hechos relevantes de un período de 500 años. Una cúspide en la cronología. Supera a Evo, al pueblo boliviano y a todas las generaciones que son testigos de esta época. Nos toca vivirla que no es poco. Estos hechos guiarán los destinos más allá del paso de sus protagonistas por la tierra.
Es el fin del apartheid sudamericano, justo en el país donde las reglas originales de ese apartheid, las impuestas por el conquistador español, se cumplieron a fondo y duraron así aplicadas más tiempo, casi hasta nuestros días.
Los pueblos originarios en Bolivia tenían desarrollado el concepto de organización y trabajo al momento del arribo del blanco con olor a gallina mojada. Sometidos, sirvieron a los fines que, en el caso de Argentina, Uruguay, Chile, Brasil, se requirió de mano de obra barata blanca europea ante un originario que no aceptó tener patrones blancos. La proporción del exterminio lo dice todo. En Uruguay, a los últimos tres charrúas los mandaron de exhibición a Europa. No dejaron uno. Los originarios de estos países eran cazadores. Se trataba de cazar algo para comer, en partidas de caza con los muchachos. Se volvía a la aldea, se morfaba bien, podía haber mate, alcohol, alguna falopita amazónica, luego siestero con la patrona y a dormir la mona.
Sólo al hombre blanco se le puede ocurrir cambiar ese estado de cosas. Civilización y barbarie contra la vida simple.
Hoy Bolivia es el primer pedazo de Sudamérica que vence realmente la Conquista de América.
Acá nos falta mucho, estamos sin resolver el tema Mitre-Roca. Dos locomotoras del apartheid. Será de a poquito. Jujuy deberá ser la pimera provincia. Tiene estructuras similares a Bolivia y sus originarios comparten más tradiciones con los originarios bolivianos que con los porteños. El choque en Jujuy de Milagros Sala y Gerardo Morales no es poca cosa en la cronología histórica de esa provincia.
Cuando a muchos argentinos le mencionan la palabra "boliviano", sus mentes hacen foto de una cara con determinados rasgos y de determinado color. Jamás se le viene un blanco a la cabeza. Sin embargo les es más cómodo pensar en un presidente de Bolivia blanco que alguien como Evo, donde la sensación va de la subestimación de méritos y capacidad para ocupar ese cargo al asco (y al miedo que lo genera). No les entra que los bolivianos puedan ser gobernados por un boliviano igual al que sus mentes proyectan como tal. Curioso.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Occidente nunca aprende las lecciones Afganas: los británicos, 1842

Conocida desde la época de Alejandro Magno, Afganistán es una tierra de montañas agrestes, guerreros feroces, fuertes rivalidades tribales y una complejidad política donde se entremezclan lazos de sangre, fanatismo religioso, historia, oportunismo y traición, complejidad que puede resultar tan difícil de entender para nosotros, como lo fue para los europeos de ayer que se aventuraron en aquellas tierras extrañas y peligrosas. Sí todavía quedamos sorprendidos de como la guerrilla afgana mantuvo en jaque al ejército de la poderosa ex Unión Soviética y como los talibanes, en pleno siglo XXI desafían a EEUU y a la OTAN, podremos comprender como a inicios del siglo XIX aquel país asiático se perfilaba como un lugar de gran misterio.
En aquella época, poco se sabía de sus gobernantes y su cultura. Geográficamente sin embargo, el país se encontraba en el camino de la confluencia de los dos imperios más expansionistas de la época, Rusia y Gran Bretaña, y pronto los diarios de Londres y San Petesburgo publicarían artículos sobre aquella civilización y su topografía.
Desde el colapso del gran imperio Durrani, fundado en el siglo XVIII, Afganistán se había sumido en un estado constante de anarquía, hasta que en la década de 1830 asumió el poder Dost Mohammed, un hombre que había prometido traer estabilidad a una tierra que había parecido olvidarse de ella. El nuevo emir demostró grandes cualidades y coraje para gobernar, imponiéndose a sus hermanos en el trono. Sin embargo, aún tenía dos rivales potenciales que reclamaban el poder.
Uno de ellos era Shah Shujah, un emir que había sido depuesto veinte años atrás y quien durante dos décadas fue refugiado en la corte del gobernante de Punjab y posteriormente pasó a convertirse en pensionista de los británicos. El ex monarca vivía confortablemente en la ciudad de Ludhiana y constantemente clamaba por apoyo para recuperar su trono.
Mientras esto ocurría, Dost Mohammed enfrentaba dos problemas de política externa. Los persas deseaban la provincia de Herat, en el sector este del país, mientras que un Majarah hindú, Ranjit Singh, había ocupado por la fuerza la provincia de Peshawar, en la región oeste del país.
Dost Mohammed deseaba recuperar Peshawar y solicitó los buenos oficios británicos, toda vez que Ranhit Singh era un vasallo de la corona inglesa. Visto que esto no fue posible, Mohammed recurrió al apoyo ruso. Al ser informado sobre esta alianza, en enero de 1838 Lord Auckland, gobernador general británico en Calcuta, despachó un mensaje a Dost Mohammed en el cual le exigía renunciar a sus reclamos en Peshawar y a su alianza con los rusos. La carta había sido escrita en un estilo tal que no se podía ocultar su contenido amenazador. Como era lógico de esperar el emir afgano rechazó la misiva, razón por la cual al arrogante funcionario británico, mal aconsejado por su ambicioso asesor político, Sir William Macnaghten, decidió solucionar el impasse de un modo muy peculiar, es decir, invadir Afganistán, deponer al emir y poner en su lugar al viejo Shah Shujah.
En junio de 1838 el depuesto emir suscribió un protocolo secreto con los británicos mediante el cual, a cambio de ser reinstalado en el trono con su asistencia, renunciaba a todo reclamo sobre Peshawar. En consecuencia, el primero de octubre de ese año el gobernador Auckland emitió un manifiesto catalogando a Dost Mohammed como un enemigo y reconociendo a Shah Shujah como el monarca legítimo de Afganistán.
Acto seguido Auckland despachó un ejército de 9,500 hombres comandado por el general Keane, compuesto por soldados indios y británicos pertenecientes a la Compañía de las Indias Orientales para reducir al emir afgano. Aquella fuerza estaba dividida en seis regimientos de infantería, un regimiento de caballería, dos compañías de artillería, ingenieros, bandas militares y grandes cantidades de provisiones. Asimismo, estaba reforzada por unos 7,000 Afganos leales a Shah Shujah.
Además de las necesidades militares relacionadas con municiones y alimentos, los oficiales británicos fueron a la guerra llevando consigo muchas de las comodidades que tenían en sus hogares, incluida vajilla, copas de cristal, licores y hasta sus animales domésticos. Por ejemplo, en la marcha a Kabul un oficial utilizó dos camellos sólo para transportar sus cajas de cigarros mientras que un brigadier general necesitó sesenta camellos para sus efectos personales. Cada regimiento disponía de 600 nativos indios para cuidar las pertenencias de los oficiales. Cada pelotón contaba con cocineros, cargadores de agua y lavanderos. Cada oficial llevaba diez sirvientes. A ello debían añadirse las familias propias y las de los empleados, músicos y hasta prostitutas para las compañías de soldados. Así, cuando este ejército marchó en campaña a inicios de 1839, tenía un total de 16,500 combatientes y una multitud de 38,000 seguidores, que, sin saberlo, iban a enfrentar uno de las más humillantes debacles en la historia de Gran Bretaña.
Para la primavera de 1839 el ejército británico cruzó el pase de Bolan sin mayores contratiempos. Posteriormente llegaron a Kandahar, la segunda ciudad en importancia del país, siendo recibido el nuevo emir entre vivas de la población. De Kandahar continuaron hacia la imponente fortaleza de Ghazni la cual fue ocupada tras un fiero combate. El 30 de junio los británicos prosiguieron hacia Kabul, y en una semana llegaron a la capital sin encontrar mayor resistencia, pues esta había sido evacuada por las fuerzas leales a Dost Mohammed. La recepción a Shah Shujah fue sin embargo fría y silenciosa y un observador sagas hubiera comprendido que sólo el oro británico y su poderío militar podrían mantener al nuevo emir en el poder.
Luego que Shah Shujah fue instalado en el trono, la vida pare las fuerzas de ocupación británica y sus familias no fue tan difícil. La ciudad permanecía tranquila y pronto el general Keane y parte de su ejército retornaron a la India convencidos que el país estaba pacificado y el nuevo emir consolidado en el poder. Luego los remanentes de las fuerzas anglo-indias, unos 4,500 hombres, se sintieron lo suficientemente seguros como para desplazarse desde sus cuarteles ubicados en la ciudadela tugurizada de Bala Hissar a un campamento levantado en las planicies, a escasos kilómetros de la ciudad. Sin embargo la presencia de los funcionarios civiles británicos en Kabul, particularmente la del enviado especial de la reina Sir William Macnaghten –quien había planificado la invasión- y su segundo, Sir Alexander Burnes, mujeriegos impetuosos y altivos victorianos, fue causando escozor entre la población local. Por un tiempo sin embargo, las cosas salieron como los británicos lo habían previsto. La lealtad de algunas tribus fue comprada con oro y otras fueron subyugadas mediante expediciones punitivas, aplicándose la efectiva política de la dádiva y el garrote. El 3 de noviembre de 1839 Dost Mohammed se rindió a los británicos y fue enviado al exilio en la india. Sir Macnaghten, cuya ambición era ser nombrado gobernador general de la India, se sintió tan confidente, que envió un mensaje a su gobierno reportando el éxito de la campaña en Afganistán. Sin embargo las cosas no resultaron tan simples. El malestar de la población se fue acentuando y el interior del país comenzaba a agitarse. El primero de noviembre de 1841 Sir Alexander Burnes fue asesinado por una multitud que atacó su residencia. Tropas afganas enviadas por Shah Shujaj para proteger al diplomático británico fueron rechazadas por las turbas enardecidas, que rápidamente desencadenaron una revuelta general. Las fuerzas británicas sin embargo decidieron no intervenir en Kabul y dejar el debelamiento de la insurrección en manos del emir, permaneciendo acantonadas en sus posiciones a prudente distancia.
Sin embargo, el 23 de noviembre los soldados británicos salieron de sus posiciones para neutralizar dos cañones que los rebeldes habían desplazado en una colina que circundaba su campamento. Luego de destruir ambas piezas de artillería, se dirigieron a un poblado repleto de insurgentes a quienes pretendieron reducir. El ataque fue rechazado; una fuerza de jinetes afganos se lanzó en contraataque y no obstante sufrir fuertes pérdidas, causó 300 muertos a las tropas inglesas. La situación se complicó cuando el hijo de Dost Mohammed, Akbar, arribó a Kabul con una fuerza de 6,000 hombres, poco después asesinaría a Shah Shujaj y asumió el liderazgo de la revuelta. En poco tiempo los afganos alzados en armas se incrementaron a 30 mil y el campamento británico fue sitiado. Sir Macnaghten intentó negociar con los rebeldes una solución. En el transcurso de los siguientes días se pactó una conferencia y el 23 de diciembre el diplomático británico, escoltado por tres oficiales se dirigió a parlamentar con Akbar. Los cuatro hombres fueron recibidos cordialmente e invitados a sentarse en alfombras desplegada sobre la nieve. En pocos minutos fueron brutalmente asesinados. La cabeza de Macnaghten fue cortada y exhibida sobre un poste en un bazar de Kabul.
No obstante el impacto que causó esta traicionera atrocidad, el comandante militar británico, general Elphinstone, se negó a recurrir a la opción armada. Desoyendo los consejos de altos oficiales como Eldred Pottinger que sugerían que el ejército se acantonara en la fortaleza de Bala Hissar hasta la llegada de refuerzos, el general insistió en negociar. El invierno se acentuaba y el hambre comenzaba a causar sus primeros estragos en la guarnición. Producto de una nueva negociación se acordó que la fuerza británica debía abandonar el país de inmediato, dejando toda su artillería y un número determinado de oficiales y sus esposas en calidad de rehenes como muestra de buena fe. Una vez que las tropas cruzaran la frontera con la india, los rehenes serían liberados. Los británicos aceptaron que se quedaran algunos oficiales pero no sus familias. También se les permitió llevarse consigo unos cuantos cañones y se les designó una escolta para garantizar su seguridad durante el cruce por los montañosos pases así como alimentación para la larga jornada.
Así, en el clímax del duro invierno afgano, el 6 de enero de 1842 los británicos iniciaron la marcha más horrifica y dramática de su historia.
La primera fase de la marcha comprendía un camino de casi 150 kilómetros hasta la ciudad de Jalalabad, donde se encontraba la guarnición británica más cercana. No parecía una distancia tan grande, pero sí un recorrido muy difícil por rutas cubiertas de nieve, estrechos, cuestas empinadas, angostos pasajes y tribus hostiles. Un total de 17,000 personas componían aquella caravana de tropas desconsoladas, mujeres aterradas y sirvientes confundidos. Setecientos de ellos eran civiles y soldados europeos, incluidos mujeres y niños; 3,800 eran soldados indios y más de 12,000 eran cargadores y sirvientes con sus respectivos familiares. Llevaban también una gran cantidad de carruajes, mulas y camellos. Los niños y sus madres iban sobre las carretas, mientras que 440 efectivos del regimiento 44 de infantería fueron destacados a proteger la retaguardia de la caravana.
No transcurrió mucho tiempo cuando los británicos, cuyo código de honor los había acostumbrado a honrar la palabra empeñada y a creer que otros harían lo mismo, comenzaron a percibir que habían sido víctimas de la ingenuidad y que Akbar no cumpliría su promesa, traicionándolos tal como a Sir Macnaghten. Así fue. La escolta prometida no apareció y en su lugar los rebeldes comenzaron a disparar a la retaguardia de la caravana mientras esta se alejaba del campamento. Pronto la situación empeoró y jinetes afganos comenzaron a hostilizar a la columna en incursiones sorpresivas y sucesivas, robando el equipaje, espantando a los animales y matando soldados y al personal de apoyo. Se desencadenó una confusión general y cuando llegó la noche, al acampar, sólo quedaba una carpa donde se refugiaron los niños.
A la mañana siguiente varias personas habían fallecido por efecto del intenso frío y la falta de protección. La marcha continuó y en las primeras horas del día los afganos se hicieron de los cañones británicos, dejándolos sólo con uno. Esa misma tarde los británicos llegaron al tortuoso paso de Khoord Cabool, de casi siete kilómetros de extensión, controlado por tribus hostiles. Ahí hizo su aparición Mohammed Akbar, quien deslindó toda responsabilidad por los ataques y prometió negociar con las tribus del lugar un libre tránsito. Una vez más los oficiales británicos creyeron en las promesas y emprendieron la marcha. A mitad de camino, cientos de guerreros afganos posesionados en las colinas del angosto desfiladero abrieron fuego. Mas de tres mil personas perecieron en este infame ataque, un gran porcentaje de las cuales eran mujeres y niños.
El 9 de enero, el general Elphinstone, que demostró una gran necedad, volvió a confiar en la palabra de Akbar, quien ofreció su protección a las mujeres y niños que aun quedaban con vida, así como a los esposos que desearan acompañarlas. Nueve niños, ocho mujeres y dos hombres aceptaron, con la esperanza que al menos el cautiverio los salvaría de una muerte segura.
La marcha continuó el 10 de enero, pero los ataques no cesaron; por el contrario, a cuchillo y mosquete los afganos causaron más víctimas. Para esa noche, se estimaba que de las 16,500 personas que apenas 72 horas antes habían iniciado la marcha hacia Jalalabad, sólo 750 soldados y 4,000 civiles permanecían con vida. Mientras los incesantes ataques continuaban, el ruin Akbar despachó mensajeros lamentando la imposibilidad de poder controlar a las tribus.
El 12 de enero, ahora con sólo 200 soldados y 2,000 civiles, Elphinstone recibió una nueva oferta de protección de Akbar. Nadie por cierto confiaba más en la palabra de quien había mostrado ser sin duda uno de los peores Judas de la historia. Nadie salvo Elphinstone, claro está, quien cabalgó hacia el campamento de Akbar y se entregó como rehén para que su gente pudiera salir de aquel infierno. Los británicos volvieron a apurar la marcha. La desgraciada columna cruzó los últimos tramos del desfiladero en la oscuridad, encontrándose con un denso cerco de ramas de espinas puesto por los afganos para impedirles continuar. No estaba vigilado sin embargo y los soldados procedieron a destruirlo y no bien lo cruzaron, el resplandecer de los mosquetes les advirtió sobre el inicio de un nuevo ataque de las bárbaras tribus. Así, los británicos fueron encerrados por los guerreros que bajaban de las cumbres y avanzaban desde atrás. Los últimos vestigios de disciplina se quebraron. Casi todos los soldados y sus seguidores fueron pasados a cuchillo y el ejército que orgullosamente había incursionado en Afganistán hacía tres años había sido aniquilado prácticamente hasta el último hombre de la manera más despiadada.
Sólo dos grupos lograron escapar de las garras de la muerte, al menos por el momento. El cirujano de la expedición, Dr. Brydon, pudo escabullirse del núcleo de la lucha, para recibir un caballo de un soldado hindú moribundo, quien se lo ofreció para que cabalgara hacia Jalalabad. Aquel soldado expiró en sus brazos y Brydon y partió sin conocer el nombre de la noble alma que le salvó la vida. Catorce hombres a caballo habían logrado escabullirse y Brydon se unió a ellos. El otro grupo consistía en 45 soldados y 20 oficiales del regimiento 44 de infantería, quienes lograron llegar hasta el pueblo de Gandmak, a menos de 50 kilómetros de Jalalabad, es decir, apenas un día de marcha. Sin embargo, en las afueras del poblado, fueron rodeados por sus enemigos. Con cuarenta cartuchos cada uno, formaron un rectángulo defensivo y se prepararon para el final. Los afganos les prometieron respetar sus vidas si se rendían. Esta vez no les creyeron y prefirieron sucumbir combatiendo. Así fue.
Por su parte el grupo que acompañaba al Dr. Brydon logró llegar a sólo 24 kilómetros de Jalalabad. Agotados y hambrientos, se detuvieron en un caserío donde los habitantes, supuestamente amistosos, les ofrecieron agua y alimentos. Los ingenuos británicos aceptaron sin saber que habían caído en una trampa y en el momento menos esperado decenas de jinetes afganos incursionaron en el poblado. Sólo cinco hombres sobrevivieron al ataque y emprendieron una cabalgata desesperada rumbo a Jalalabad. Los feroces afganos los persiguieron y en el camino cuatro de fueron ellos alcanzados y asesinados. Sólo sobrevivió el Dr. Brydon. Lo continuaron hostigando por varios kilómetros más, pero milagrosamente el cirujano alcanzó las afueras de la ciudad. Desde su posición, los británicos observaron el imponente espectáculo de un hombre herido, desfalleciendo sobre su corcel, quien había pasado a convertirse en el único sobreviviente de la caravana.
Fuente: adaptación del texto de Juan del Campo

viernes, 4 de diciembre de 2009

SPINETTA: 40 AÑOS


Tema inédito, 1971

Más cosas inéditas del Flaco: en los videos de DESTAPACANTOS

jueves, 3 de diciembre de 2009

La muerte viene del cielo

Por la Dra. Graciela Gómez
Una ley dice que se puede fumigar a 3000 metros si es por aire y a 500 metros si es terrestre. La Comisión de MedioAmbiente de San Fe votó el 10 de junio acercarla por excepción a 300 metros la terrestre. Sin embargo por intereses lesivos al resto, la Comisión de las chicas glifosato de Agricultura y Ganadería la acerca aún más. Para las chicas camperas 100 metros es suficiente.
Muy lindas palabra para el sistema métrico que es ni más ni menos que la renta maximizada y el olvido de la ley donde quedan dudas si 500 es el muro imaginario que se respete en un macondo del veneno
Mundo de desigualdades y discursos de ciencia ficción. Mientras los eco-mojarritas sueñan con ser del tamaño de un cachalote, los eco-tiburones, en cambio, viajan a cumbres internacionales cual “botineras del medioambiente”. Los eco-negocios dan para todo, hasta se parecen en cierto modo a los agro-negocios criticados. Científicos internacionales expertos en clima, declaran en “The Times” que la cumbre de cambio climático “no será más que un repaso de la evidencia científica sobre la necesidad de controlar las emisiones de gases invernadero, declaraciones de buenas intenciones, foto de familia y nada más”. Ninguno de ellos puede ubicar en el globo terráqueo un lugar llamado Santa Fe. Allí la realidad supera al discurso edulcorado y alarmista de las cumbres que poco importan. Ahí vive y sufre gente.
En uno de esos lugares, donde ni el Google Earth llega con su mirada microscópica, los humildes habitantes observan sobre sus cabezas una avioneta fumigando. Es cosa habitual en la Colonia aborigen mocoví “Rahaclaglaté”, del Paraje La Lola, Santa Fe, donde como en otros tantos lugares del país, el negocio de la soja no descansa ni respeta horarios ni feriados. Es un día domingo como cualquier domingo. Dos días antes, el productor llegó hasta esa gente y les dio un aviso con ribetes macabros: “Que encierren los animales porque iban a fumigar y que si se morían se pagaban”.
Acá todo tiene un valor, menos la vida. El todo vale es moneda corriente. Ese mismo domingo 29 de noviembre, en horas de la tarde, el equipo de basquet de Reconquista volvía desde San Javier por la Ruta 1.Tuvieron que detener el colectivo tres veces porque pasaban las aviones fumigando. “Pudimos ver 4 aviones que utilizan el pavimento como pista de aterrizaje para carga y descarga de fitosanitarios que están siendo usados por algunos productores. Para el momento de la subida y bajada de los aviones los productores cortan la ruta por su propia cuenta y sin el control de ninguna fuerza de seguridad lo que hace que esta actividad se transforme en un peligro que se suma al riesgo que tienen los mismos fitosanitarios que usan” relata el periodista Leonardo Rolon de SF Noticias, de Reconquista, quien viajaba con el equipo.
Lo que parece un relato alucinado es la realidad, aviones que bajan por su carga en cualquier lugar donde alguien espera y vuelta a volar para tirar veneno a granel.
A 20 km de Romang, al sur, en el Paraje llamado “La Cordobesa”, hay un tanque que abastece de nafta y es parada obligada de los aeroaplicadores. Es una escena de un largo capítulo que lleva años y no tiene final a la vista.
Todos saben, pero es tiempo de que expliquen, sobre todo de las delirantes decisiones de varios legisladores oficialistas y de otros partidos en cuanto a la distancia que debe haber entre el lugar donde se fumiga y las zonas urbanas. Así lo hizo el diputado provincial Enrique Marín –oriundo de Reconquista y contrario a esas opiniones- al periodista Hernán Agustini que conduce el programa “Radio Urbano”, en Radio Cultural 91.3 de esa ciudad santafecina. Esta es la desgrabación de esa entrevista:
Hernan Agustini:- En la provincia de Santa Fe existe una ley que regula la fumigación con agroquímicos. Fue tratada hace algunos meses por la Comisión de Medioambiente de la Cámara de Diputados, se la fue confeccionando y pasó a la Comisión de Asuntos Constitucionales. Estoy con el diputado del Frente Para La Victoria (FPV), Enrique Marin, para dialogar sobre esto porque no se llegó, o no se fue, por el camino que se deseaba, la Comisión de Medioambiente, sobre todo lo que es el bloque de diputados del FPV.
Enrique, buenos días. ¿Cómo podríamos resumir esto que pasó en la Comisión de asuntos constitucionales?
Dip Marin: Buenos días. Lo que pasó es que no se sancionó la reforma a la ley 11273, que es la que está vigente. Nosotros pretendemos, luego de haber conversado con muchísimas organizaciones dedicadas al tema ambiental y también de productores -se han realizado audiencias públicas en la ciudad de Santa Fe con la presencia de centenares de personas que han opinado al respecto- y queremos salvaguardar la salud de la población. Queremos que la gente produzca pero también teniendo en cuenta la vida humana.
Entre los legisladores hay una mayoría que pretende ciertas distancias para la aplicación aérea o terrestre que nosotros consideramos que no son las adecuadas para salvaguardar la salud. Por ejemplo, para la aplicación terrestre llegan hasta 100 metros de la zona urbana o de algunas escuelas. Nosotros pretendemos que exista mayor distancia como mínimo para la aplicación terrestre de agroquímicos, pero por excepción a algunas clases de agroquímicos, a 300 metros como mínimo.
Se empezó discutiendo la aplicación aérea, hasta cuanto metros. La propuesta nuestra es : hasta 1000 metros de las plantas urbanas no se puede fumigar; a 500 metros de establecimientos escolares, áreas protegidas, caseríos que siempre encontramos en los campos, toda una serie de detalles que están en uno de los artículos. Para la aplicación terrestre hablamos de 1000 metros para algunos agroquímicos que son comprobadamente peligrosos y de 500 metros de las plantas urbanas. Estoy hablando de la aplicación terrestre.
Hernan Agustini:-Si.
Dip Marin: Solo si en la Comuna de que se trate la aplicación, o en el municipio, hay una ordenanza que establezca excepciones para agrotóxicos que tienen mínimo de peligrosidad, nos bajamos a la pretensión de 300mts. Lo que está ocurriendo es que los legisladores de la bancada socialista oficialista, radicales, y un grupo del peronismo que podríamos decir políticamente “reutemista”, están por la creencia de que no se daña la salud de la población con los metros que ellos proponen. Nosotros, por el contrario, en una posición que podríamos calificar de minoritaria pero luchadora, decimos que tenemos que guardar los metros más posibles frente a la realidad que estamos viviendo y a la comprobación de que muchos agroquímicos hacen daño a la salud. Esto se discutió el jueves pasado en la Comisión de Asuntos Constitucionales, que es la última en dictaminar, y a pesar de tener mayoría esos legisladores para sancionar la reforma de la ley, nos dijeron que si no había consenso no la sancionaban, como una forma de presionar sobre nosotros para que “acordemos”. Nosotros no acordamos. Nosotros queremos perder la elección si es preciso, pero queremos sentar posición. Definitivamente estamos con la vida, y evidentemente los legisladores que están en desacuerdo con nosotros “no quieren ponerse en evidencia”, porque si no, no les costaría un solo segundo votar y aprobar lo que ellos quieren. ¿Porqué no lo hacen?. Nos pondrían a nosotros en evidente minoría. Lo que pasa es que a las organizaciones ambientales y a mucha gente le están diciendo que ellos piensan de una manera, pero quieren votar de otra…
Hernan Agustini:-¿De salir así entonces la ley establecería como distancia mínima 100 metros?
Dip Marin: Si. Es lo que la mayoría de los legisladores hoy se imponen. Nosotros estamos totalmente en desacuerdo. Existieron muchas reuniones, muchas comprobaciones hemos hablado con médicos, hemos hablado con productores, banderilleros, con gente que trabaja en el campo, todos el mundo dice lo mismo…lo que pasa que acá juegan intereses económicos, de los más grandes y de los más chicos incluso. Hay gente que tiene miedo de hablar por su empleo ..pero si Usted va hoy por la Ruta 1, se va a encontrar con una multitud de aviones que ya están con sus motores en marcha para fumigar..se va a encontrar ..a ver…yo le doy un ejemplo: los otros días fueron a Santa Fe los chicos de las Escuelas de la Familia Agrícolas (EFA), de todos los distritos norte santafesino. Una de las cosas que nos pedían era “por favor que resolviéramos” el tema de que les fumigan en la cabeza a los chicos cuando están en la escuela…no se puede permitir eso…No es que es una decisión arbitraria la nuestra…y no es en contra de la producción. Queremos una producción sustentable, pero no a costas de la vida de la gente..ni siquiera de los pajaritos.
Hernan Agustini:-Esta es la discusión que cobra mayor importancia en este momento porque ya como lo decía Marin ,ésta es la temporada de fumigación y se empiezan a ver las avionetas y los mosquitos circular por todos lados, y vuelve a estar en el tapete la peligrosidad o no de los productos que se rocían con éste sistema .Las escuelas generalmente tienen una postura, que es las investigaciones y los trabajos que realizan los alumnos , todas indican la peligrosidad de los productos y el desconocimiento que tienen los pobladores de ésta peligrosidad. Se llegó a dar, por ejemplo en unos casos donde pobladores del norte santafesino transportan agua en bidones, que antes fueron utilizados por algunos agrotóxicos, sin conocer la peligrosidad…
Dip Marin: Si ,en ríos y arroyos de nuestro norte, en toda la provincia, pero en nuestro norte fundamentalmente, se pueden ver y observar miles de peces que aparecen muertos; ¿eso de dónde sale?: de los agroquímicos. Eso no los mató ni Dios ni ninguno de nosotros..es decir..si, nosotros aplicando agrotóxicos
Fuente: Asociación Argentina de Periodistas Ambientales

miércoles, 2 de diciembre de 2009