jueves, 4 de abril de 2013

Francis Spellman: El jesuita de la Guerra Fría

Spellman era un jesuita hijo de irlandeses adoctrinado en la Fordham University, mimado por Los Caballeros de Malta y Los Caballeros de Colón. 

Amigo, muy amigo de Eugenio Pacelli, quien al convertirse en el Papa Pío XII una de las primeras cosas que hizo fue nombrar a Spellman Arzobispo de Nueva York. A su vez fue nombrado por Roosevelt vicario castrense de todas las FFAA de EEUU. Su poder era enorme.

Para las elecciones de 1936 Roosevelt tuvo un gran empujón de electores tras la gira de Pacelli, antes de ser designado Papa, por gran parte de los EEUU, gira organizada por el cardenal Spellman junto a Joseph Kennedy, alto caballero de Malta. Apenas fue electo la esposa de Kennedy, Rose, le pidió que nombrara a Joseph embajador en Gran Bretaña. 

Pacelli ya como Papa le pidió a Roosevelt un embajador de EEUU en el Vaticano, que sería reconocido como Estado recién en 1984 por Reagan. Roosevelt aclaró que lo que enviaría sería un representante personal y fue el cardenal Spellman.

Durante la Segunda Guerra Mundial visitó 16 países en 6 meses en 1943 como enviado de Roosevelt, quien en 1917 lo había rechazado dos veces como capellán de la Armada. Las vueltas de la vida.

Su papel fue decisivo en la Guerra Fría. Para 1949 movía influencias para establecer relaciones con Francisco Franco. Influyó sobre Eisenhower quien visitó España en su presidencia. Franco dejaba de ser el aliado de Hitler para ser un paladín anticomunista. No es raro entonces que Spellman haya participado activamente de la fuga de nazis a EEUU desde el fin del conflicto, quienes ingresaron a la CIA y al complejo industrial militar.


En los '50 se lo veía participar de la caza de brujas del senador Mc Carthy contra comunistas y homosexuales, siendo que a Spellman se lo había llegado a definir como "uno de los homosexuales más notorios, poderosos y sexualmente voraces en la historia de Iglesia católica de EEUU". Se lo podía ver junto al director del FBI, Hoover, otro voraz.

Perseguía a los sindicalistas ante cada huelga tratándolos de comunistas. Cuando el congresista Barden pedía que sólo haya fondos para la Educación Pública en detrimento de la religiosa Spellman dijo que lo de Barden era "una cruzada cobarde del prejuicio religioso contra los niños católicos".  

Cuando la ex primera dama Eleanor Roosevelt en 1949 se expresó también en ese sentido, Spellman dijo que sus palabras eran "indignas de discriminación de una madre americana".

Para 1954 clamaba por la intervención militar de EEUU en Vietnam entablando amistad con el que sería el único presidente católico de Vietnam del Sur, Diem, quien sería asesinado luego que Spellman le perdiera confianza. Vietnam había sido un lugar muy activo de los jesuitas, de hecho uno de ellos, Alexander de Rhodes, había inventado el actual alfabeto vietnamita en 1625. Era un territorio a reconquistar.

A los soldados de EEUU en Vietnam los llamaba "los soldados de Cristo".

Estando en Guatemala en el Congreso Eucarístico enviado por el Papa Juan XXIII llegó a decir que más que un Papa era un vendedor de bananas.  En Nicaragua, contra la orden del Papa, se fotografió junto a Anastasio Somoza.

Si bien apoyó a Nixon, estuvo con JFK al ganar las elecciones. Quitó su apoyo cuando supo que Kennedy quería limitar la intervención en Vietnam. Kennedy, el único presidente católico de los EEUU, fue asesinado el mismo año que Diem.

Ya con Lyndon Johnson como presidente se lo escuchaba reclamar una y otra vez que EEUU debería bombardear el norte de Vietnam. La iglesia de San Patricio en NYC, donde hoy están sus restos,  era testigo de las protestas contra la guerra. Spellman realizaba viajes a Vietnam a bendecir a las tropas. La Guerra de Vietnam algunos la llamaron La Guerra de Spelly.

Luego de la intervención militar de EEUU en República Dominicana Lyndon Johnson le pidió consejos a Spellman para revertir el sentimiento antinorteamericano que había generado entre los dominicanos. Spellman mandó una legión de jesuitas desde EEUU como antídoto.

Influyó sobre varios presidentes de EEUU, sobre los directores de la CIA y el FBI, sobre mandatarios extranjeros, Spellman murió en 1967 cumpliendo a rajatabla las instruciones de la Secreta Monita de los jesuitas.

Hoy varias escuelas recuerdan a este genocida con su nombre, como la del Bronx y las de Quito, Ecuador:

1 comentario:

cristian dijo...

Un orgullo para los estadounidenses haber tenido un Cardenal patriotico, visionario y coherente con la fe catolica,a diferencia de los actuales curas, que no se dan cuenta que tras la mierda del comunismo está la mano del maldito demonio.
Grande, Cardenal Spellman!